Karen Robles
Estratega en Desarrollo de Liderazgo & Talento | Diseño culturas resilientes que potencian personas y resultados | Transformación cultural con visión humana.
Cada enero pasa casi lo mismo. Estrenamos agenda, definimos nuevos objetivos y reaparecen palabras como reinventarnos, resetear o evolucionar. Y, sin embargo, año tras año, muchos líderes cambian el calendario… pero no la perspectiva.
Tal vez porque renovar fechas es fácil. Lo difícil es renovarse como líder. Y ese verdadero cambio no empieza el 1 de enero. Empieza cuando una persona líder se detiene y se hace preguntas que no siempre son cómodas, como por ejemplo:
- ¿Sigo escuchando de verdad?
- ¿O solo confirmo lo que ya creo saber?
- ¿Estoy liderando personas… o solo gestionando resultados?
- ¿Estoy delegando responsabilidades o solo tareas?
- ¿Invierto en el desarrollo de mi equipo?
A lo largo de los años, he acompañado a líderes brillantes. Personas con visión, experiencia y resultados. Y aun así, la mayoría coincide en que lo más difícil no es definir una estrategia nueva, sino mirarse distinto a uno mismo.
Renovarse como líder no tiene que ver con aprender otra herramienta, ni con adoptar el último modelo de liderazgo de moda. Tiene que ver con algo mucho más profundo y desafiante… cambiar desde dónde lideras. Y ese cambio empieza por lo más básico —y a la vez lo más olvidado: cómo miras a las personas, continúa por cómo escuchas y se consolida en la empatía con la que tomas decisiones.
1. La mirada
Renovar la mirada es dejar de ver a los equipos solo como roles o funciones, y empezar a ver a las personas completas que hay detrás. Personas con historias, miedos, ambiciones y contextos que no se quedan en la puerta cuando entran a trabajar.
Cuando un líder hace este cambio, entiende que los resultados no aparecen por presión, sino por construcción, y que la confianza se cultiva.
2. La escucha
Escuchar de verdad no es esperar tu turno para hablar. Es hacer espacio, suspender el juicio y abrir conversaciones que no siempre son cómodas, pero sí necesarias. ¿Haz escuchado sobre "Silenciar al jefe"? No, no es algo malo, es una táctica que ayuda a lograr resultados innovadores, ya que tiene incluidos beneficios como encontrar diversas perspectivas, generar espacios de apertura, descubrir habilidades que no conocías en tus equipos.
Cuando un líder renueva su forma de escuchar, algo cambia en el ambiente: las personas hablan con más honestidad y se comprometen con más fuerza.
3. La empatía
La empatía no es suavidad. Es lucidez para comprender lo que el otro está viviendo y, desde ahí, tomar mejores decisiones.
Es liderar con humanidad sin renunciar a la excelencia. Y entender que cuidar a las personas no es un gesto nice to have, sino una decisión estratégica.
He visto organizaciones transformarse cuando sus líderes se atreven a hacer este giro interno. No porque bajen estándares, sino porque elevan el nivel de conexión, claridad y responsabilidad compartida.
Por eso estoy convencida de que el verdadero Año Nuevo no llega con fuegos artificiales ni discursos motivacionales, sino en silencio, cuando un líder decide detenerse y preguntarse:
¿Desde dónde estoy liderando hoy… y desde dónde quiero liderar lo que viene?
Cuando un líder se permite esa pregunta, el cambio ya comenzó.
Por supuesto, esa pregunta no se responde en un día. Se trabaja con el tiempo, porque renovarse como líder no es un evento ni una moda. Es un proceso. Uno que empieza adentro y, con el tiempo, se refleja afuera: en culturas más sanas, decisiones más conscientes y resultados más sostenibles.
Al final, no son los planes los que transforman a las organizaciones, sino los líderes que se atreven a renovarse primero.
Que este nuevo año no sea solo un cambio de calendario, sino una oportunidad real para mirar, escuchar y liderar distinto.
¡Feliz Año Nuevo!