Karen Robles
Estratega en Desarrollo de Liderazgo & Talento | Diseño culturas resilientes que potencian personas y resultados | Transformación cultural con visión humana.
El coaching no es para cuando algo anda mal, sino para cuando un líder o una organización quiere dar el siguiente gran paso. Y ese es un punto clave: el coaching no está diseñado para sanar, sino para acelerar. Tampoco es introspección sin rumbo, sino una estrategia aplicada al cambio de comportamiento y a los resultados.
En mi experiencia, los líderes que más se transforman son los que entienden que el coaching no es un espacio para hablar de lo que pasó, sino para practicar lo que puede pasar. Como me compartió un coachee el otro día:
“Pude implementar las herramientas de mi coach en el mismo momento en que se presentaban los escenarios. Esa retroalimentación inmediata me permitió probar, ajustar y ver resultados, no solo teorizar sobre liderazgo.”
Este testimonio refleja lo que es realmente el coaching, pasar del insight a la acción.
Entonces, cuando hablamos de liderazgo, la diferencia entre terapia y coaching es evidente. Mientras la terapia sana heridas del pasado, el coaching construye estrategias de futuro, y ese futuro tiene un retorno directo para la organización:
- Líderes que priorizan proyectos de mayor impacto y elevan el nivel de desempeño de sus equipos.
- Profesionales que logran comunicarse con claridad y valentía, lo que reduce conflictos y acelera decisiones.
- Ejecutivos que dejan de concentrar el control, delegan con confianza y multiplican la capacidad de sus equipos.
Estos cambios no se quedan en la persona, sino que se reflejan en la productividad, en la cultura y en la capacidad de la organización de adaptarse con éxito a lo inesperado.
Hoy, la agilidad y la resiliencia son los verdaderos diferenciadores. Por eso, el coaching ya no puede verse como un beneficio individual, sino como una inversión estratégica que protege la competitividad de la empresa.
Un líder que aprende a gestionar su tiempo, a comunicar con impacto y a liderar con inteligencia emocional no solo transforma su forma de trabajar, sino que cambia la dinámica de todo su equipo. Esa es la verdadera medida del ROI del coaching: resultados sostenidos que impactan directamente en el negocio.
Por esta razón, cuando me preguntan si el coaching es como la terapia, siempre respondo lo mismo: no, el coaching no es terapia, es estrategia.
El coaching lleva la reflexión a la acción y la acción a resultados, y cuando se implementa con convicción, no solo transforma al líder, también transforma la cultura, el desempeño y, en última instancia, el futuro del negocio.
En Accelerate DEI/TALENT hemos diseñado una solución de Coaching Ejecutivo que combina tres elementos clave:
- Medición de evolución: no nos quedamos en la percepción, evaluamos el avance del coachee a lo largo del proceso.
- Cambio de comportamiento observable: trabajamos en conductas específicas que generan impacto inmediato en el liderazgo y el equipo.
- Plan de acción estratégico: cada sesión se traduce en pasos concretos que alinean el desarrollo individual con los objetivos de negocio.
Esto nos permite garantizar que el proceso no sea solo un espacio de reflexión, sino una herramienta real de transformación con impacto en la organización.
Para cerrar, no quiero preguntarte si tu organización necesita coaching. Prefiero dejarte una reflexión … ¿qué tan rápido puedes permitirte no tenerlo? Porque el verdadero riesgo no está en invertir en líderes que evolucionan, sino en retener a líderes que se quedan atrás.