Karen Robles
Estratega en Desarrollo de Liderazgo & Talento | Diseño culturas resilientes que potencian personas y resultados | Transformación cultural con visión humana.
¿En cuántas organizaciones se premia al que habla más en lugar de a quién mejor escucha?
Durante décadas, liderar significó tener respuestas, decidir, marcar el rumbo y resolver cuando algo se desviaba. En ese momento, hablar era liderar y dar instrucciones bastaba para que las cosas avanzaran.
Hoy, esa idea empieza a quedarse corta. No porque las respuestas ya no importen, sino porque lo que lideramos es más cambiante y menos predecible. En ese escenario, el liderazgo ya no se sostiene solo desde la voz de la persona que dirige, sino por abrir conversaciones que integren.
Lo cierto es que, en muchas organizaciones, tener una sola respuesta ya no basta. No porque esté mal, sino porque la realidad es más compleja, hay más miradas, más matices y más decisiones que necesitan ser comprendidas, no solo ejecutadas.
En los procesos de liderazgo que acompaño, esto sucede todo el tiempo. Cuando la tensión sube, la reacción suele ser responder rápido y cerrar. Sin embargo, muchas veces, lo que realmente mueve las cosas no es esa respuesta, sino la conversación que se abre después, cuando el equipo entiende, participa y puede avanzar. Ahí es donde el liderazgo empieza a abandonar el control y a construirse de manera compartida.
Adicionalmente, durante muchos años, liderar se entendió como tener el control. Hoy, en cambio, liderar implica crear espacio para que las conversaciones sucedan, incluso cuando incomodan, cuestionan o no llevan de inmediato a una conclusión clara. Ese cambio no es menor, porque exige algo que suele confundirse: la escucha.
Escuchar no significa perder poder ni mucho menos renunciar a la decisión. Tampoco es dejar que cada uno diga lo que quiera, sino más bien entender antes de intervenir, leer lo que no se dice y abrir espacio a diferentes perspectivas para tomar mejores decisiones. Los líderes que escuchan no lo hacen por falta de seguridad, sino porque saben que sumar otras miradas fortalece las decisiones.
Cuando trabajamos con líderes, observamos que los equipos no necesitan a alguien que tenga todas las respuestas, sino líderes capaces de sostener las preguntas correctas; preguntas que invitan a reflexionar, que conectan experiencias distintas y que permiten construir soluciones más sólidas y sostenibles. Es ahí donde el liderazgo deja de imponer y empieza a generar compromiso real.
Como reflexión de mi artículo, quiero dejarles para quienes lideran el mensaje de que el cambio más importante no pasa por encontrar nuevas respuestas, sino por sostener mejores conversaciones: escuchar antes de cerrar, hacer espacio a voces distintas y resistir la tentación de responder demasiado rápido. Muchas veces, el impacto no nace de lo que el líder dice, sino de lo que habilita que otros digan y de cómo esas miradas se integran en la decisión final.
Ese es justamente el tipo de liderazgo que trabajamos en Accelerate DEI|TALENT. A través de procesos de coaching, mentoring y programas de liderazgo inclusivo, acompañamos a líderes a pasar del control al diálogo, desarrollando escucha real, conversaciones más conscientes y decisiones que se sostienen en el tiempo. No para perder dirección, sino para ganar compromiso, criterio y verdadero impacto organizacional, porque hoy, liderar no es tener la última palabra, sino saber qué conversación necesita ser sostenida… y animarse a abrirla.