Karen Robles
Estratega en Desarrollo de Liderazgo & Talento | Diseño culturas resilientes que potencian personas y resultados | Transformación cultural con visión humana.
Cuando converso con líderes y equipos, me gusta la mayoría de las veces preguntar qué es lo que más les preocupa hacia adelante. Espero escuchar respuestas relacionadas con tecnología, negocio, mercado o talento, pero últimamente aparece…
“Sentimos que todo cambia demasiado rápido.”
Y no creo que tenga que ver solamente con presión o incertidumbre. Muchas veces tiene más que ver con cansancio, con esa sensación de que, cuando un equipo recién termina de adaptarse a algo, aparece una nueva herramienta, cambia una prioridad o vuelve a modificarse la forma de trabajar. Todo se mueve demasiado rápido. Para mí, ahí está uno de los mayores desafíos para las organizaciones hoy.
Durante mucho tiempo se pensó que las empresas más sólidas eran las que más sabían, las que acumulaban más experiencia o las que tenían todas las respuestas. Sin embargo, el contexto actual también importa qué tan rápido una organización puede aprender, adaptarse y evolucionar frente a lo que cambia alrededor.
Definitivamente, esto cambia completamente la lógica del éxito organizacional, porque aprender ya no puede verse como algo aislado, ocasional o limitado a programas de capacitación.
Hoy el aprendizaje se volvió una capacidad colectiva que determina qué tan rápido un equipo puede adaptarse, desaprender, replantear decisiones, incorporar nuevas perspectivas y evolucionar sin paralizarse frente al cambio.
Adicionalmente, también considero que hay una confusión bastante común dentro de muchas organizaciones. A veces se asume que, por tener equipos talentosos o personas con muchísima experiencia, el aprendizaje ya ocurre de manera natural. Y no siempre pasa así.
He visto …
- Equipos increíblemente capaces seguir haciendo las cosas igual que hace años, porque nadie se anima realmente a cuestionar ciertas dinámicas o maneras de pensar.
- Organizaciones donde hay muchísimo conocimiento y experiencia acumulada, pero que, en la práctica, se queda atrapada en áreas, personas o estructuras, y nunca termina convirtiéndose en aprendizaje colectivo.
- Equipos donde las personas trabajan muchísimo, pero tienen cada vez menos espacio para reflexionar, compartir aprendizajes o detenerse a entender qué necesitan cambiar.
Todo esto termina generando algo peligrosísimo: organizaciones que siguen funcionando, pero empiezan lentamente a desconectarse del contexto. Por supuesto, el problema no siempre es la falta de capacidad, sino la velocidad con la que esa capacidad logra evolucionar y aquí el liderazgo tiene muchísimo impacto más del que nos imaginamos.